Trabajo extenuante, ayer a las 6:30 p.m estuve a punto de llorar metida en el cerro de periódicos, no es lindo pasar de lo cualitativo -extenso, plural, multidireccional-, para moverme entre las condenadas cuadrículas de inversión publicitaria, odio eso, me hace sentir en el colegio en una clase de cálculo o algo así, se me trocan los números, me como los decimales, me equivoco. ODIO EL ERROR, odio esa sensación de no poder.
La madre putativa empeora, el cáncer se anidó también en la garganta, tengo miedo.
El lunes disputa intrafamiliar, maletas indignadas, improperios. Volví a la casa materna con los ojos hinchados y la rabia calcinándome. Feo el panorama, mandé mi diplomacia a la mierda. Me duró mucho si lo pienso.
No quiero que me queden grandes las aspiraciones laborales.
No quiero sentir más absurdos ni ahogos sin retribución.
Sigo bajando de peso, estoy pálida, no duermo bien y en este momento me acostaría sobre el escritorio.
Mi librito está guardado, esta noche le voy a sacar la lengua al cansancio para leer, a ver si me encuentro, a ver si entre el paso de las hojas y el té me calmo la ansiedad.